dimarts, 11 de març de 2014

¿Enseñar o adoctrinar?

Las visitas a los museos nos ayudan a incentivar nuestra curiosidad natural. Fomentan un aprendizaje por inmersión, real y rico en conflictos cognitivos, nos dejan muchas preguntas sin respuesta, que incitan el diálogo y la investigación. Aprendemos todos y los conocimientos adquiridos tardan en olvidarse porque se ha visto, se ha vivido, se ha experimentado. Generalmente antes de la visita trabajamos en casa el tema de la exposición para tener unos conocimientos previos que pueden ayudarles en la comprensión de las explicaciones del guía. Cada niño responde diferente a los estímulos, cuando termina la visita y les pido que me expliquen lo que han visto, Sara, Judit y Jordi me explican y me preguntan cosas distintas, esta disparidad en la adquisición de los conceptos es una riqueza que nos complementa a todos y debe respetarse. Así las actividades deben ser abiertas, no deben conducir hacia unos resultados esperados y deben permitir la libre expresión e investigación de los niños. Nuestra tendencia natural como padres y educadores es “conducir” a los hijos a unos resultados que consideramos ciertos e importantes, sin embargo es un tremendo error, ¿no decimos que el conocimiento está en continua evolución, que es falible y provisional? Respetemos su creatividad, su pensamiento divergente y su originalidad. Con el estudio de la historia esto es esencial, pues es una ciencia compleja, influyen numerosas variables y existen opiniones muy diversas, no hay una verdad que debe aprenderse, sino múltiples causas que pueden explicar el porqué de las cosas. ¿Qué pretendemos, enseñar o adoctrinar?