dimecres, 27 d’agost de 2014

La alegría del trabajo bien hecho

Dicen que el fin de la existencia del hombre es la felicidad, vivir para ser feliz, pero en realidad la palabra felicidad es una arma de doble filo, puesto que nadie puede ser completamente feliz y la gran industria usa la palabra felicidad como anzuelo para fomentar y justificar el consumismo, la búsqueda de placer, bienestar y confort.  Se confunde así el ser con el tener y se valoran únicamente las cosas materiales o tangibles.  El propósito de la educación es la realización completa e integral de la persona. Llegar a conocerse para ser uno mismo, autogobernarse, aceptarse, quererse tal y como uno es. Se trata de dar lo mejor de uno mismo, el mejor Fulanito o Menganito, el mejor tú.
Cuando realizamos una actividad, estamos satisfechos en función de nuestro propio esfuerzo, cuánto mejor hallamos trabajado, usado nuestras habilidades, talentos, mayor será la alegría por el trabajo bien hecho, sin caer en el reduccionismo de no aceptar nuestras propias limitaciones y fracasarnos cuando el esfuerzo realizado no es equitativo a los resultados. Aprender a reírse de nuestras propias limitaciones es esencial, pues las limitaciones también son buenas,  nos ayudan a ser más humildes, más sensibles a los talentos de los demás y nos enseñan a cooperar con los demás. La alegría por el trabajo bien hecho es el motor que nos empuja a seguir educándonos día tras día.